Barcia y el idilio eterno del Dépor con la épica
El central coruñés vuelve a vestirse de héroe ante el Sporting y rescata un punto en El Molinón (1-1) cuando el partido agonizaba. Los de Antonio Hidalgo, que no tuvieron su noche más brillante, demostraron que este equipo tiene un alma de hierro que se niega a doblarse.
Hay equipos que juegan al fútbol y equipos que viven en un guion de película constante. El Deportivo de La Coruña de esta temporada pertenece, sin duda, al segundo grupo. En una noche gris en Gijón, donde el fútbol fluía a cuentagotas y el Sporting parecía tener el botín amarrado, apareció de nuevo esa mística innegociable que acompaña al escudo herculino. Y lo hizo a través de un protagonista que ya sabe lo que es amargarle la existencia al conjunto asturiano: Dani Barcia.
Un inicio cuesta arriba
El partido en El Molinón no empezó con el brillo de otras tardes. El Dépor saltó al césped algo espeso, con Mario Soriano demasiado lejos de donde se genera el peligro y un centro del campo que no terminaba de encontrar la brújula. El Sporting, sin hacer nada del otro mundo pero castigando cada duda, no perdonó. En el minuto 17, Juan Otero aprovechó una desconexión defensiva (precisamente en una falta cometida por Barcia) para batir a la zaga coruñesa y poner el 1-0, en una acción en la que Álvaro podría hacer más.
Durante muchos minutos, el Deportivo fue un quiero y no puedo. Los cambios de Antonio Hidalgo buscaron agitar el árbol: entraron Yeremay y Quagliata para dar profundidad, pero el Sporting se sentía cómodo defendiendo su ventaja ante un Dépor que empezaba a caer en la precipitación.

Pero si algo tiene este equipo es que nunca apaga la luz antes de tiempo. Cuando el reloj apretaba y la racha de victorias parecía condenada a morir en tierras asturianas, llegó el momento del «laboratorio». Yeremay, siempre eléctrico, forzó una falta lateral. Luismi Cruz acarició el balón con música y, en el corazón del área, emergió la figura de Dani Barcia.
El central de O Temple, que había tenido un inicio de partido complicado con esa amarilla temprana y el error en el gol local, se redimió de la forma más poética posible. Un cabezazo impecable en el minuto 81 que mandó el balón al fondo de las mallas y el silencio a las gradas de El Molinón. Era su segundo gol de la temporada, y curiosamente, ambos han sido contra el mismo rival. Barcia tiene la llave del Sporting.
Más que un punto
Los minutos finales fueron un asedio emocional donde incluso se pudo soñar con el 1-2, pero el marcador ya no se movería. El empate (1-1) deja un sabor agridulce por el juego, pero un regusto dulce por el carácter.
Este Deportivo no siempre enamora con el balón, pero siempre convence con el corazón. En Gijón, la épica no fue suficiente para ganar, pero sí para recordar a toda la categoría que a este equipo hay que matarlo varias veces antes de que se dé por vencido. El pacto con el destino sigue vigente, y Dani Barcia es, hoy por hoy, su mejor escribano.

