El Torremolinos ha sido capaz de ganar por un 2-3 ante el CE Europa

El Torremolinos ha sido capaz de sacar 3 puntos de oro contra el CE Europa en Can Dragó. Tras varias jornadas sin ganar, los de Antonio Calderón se lleva la victoria de un campo donde ningún equipo había logrado ganar. Fue un partido que acabó con un 2-3 favorable para los malagueños. El Torremolinos siempre fue por delante en el marcador.

Desde el pitido inicial, se notaba que no iba a ser un partido de guante blanco. Los locales salieron con esa intensidad eléctrica que caracteriza a la escuela escapulada, mordiendo en la salida de balón y buscando las cosquillas a una defensa malagueña que, al principio, parecía no haber terminado de bajar del autobús. Apenas habían pasado diez minutos cuando el marcador ya pudo haberse movido, pero el poste repelió un disparo seco de Adri que ya se cantaba en la grada.

Sin embargo, el fútbol tiene esa justicia poética que a veces roza la crueldad. En la primera aproximación seria del Torremolinos, un centro lateral sin aparente peligro se envenenó tras rozar en un defensor local, dejando el balón muerto en el área pequeña para que el ariete visitante solo tuviera que empujarla. Era el 0-1 y el jarro de agua fría se sintió hasta en la estación de Renfe de Sant Andreu.

El Europa no se descompuso. Es un equipo que tiene el orgullo cosido a la piel y hoy no fue una excepción. Empezaron a mover la pelota con criterio, abriendo el campo y obligando a los andaluces a correr detrás de sombras. La recompensa llegó antes del descanso. Una jugada trenzada por la banda derecha terminó con un centro medido que el «nueve» local mandó a guardar con un testarazo de los de antes, de los que rompen la red. Can Dragó estalló. Con el 1-1 se enfilaron los vestuarios, y la sensación general era que el Europa tenía el partido donde quería.

Pero el segundo tiempo fue otra historia. El Torremolinos salió con el colmillo retorcido. Nada más empezar, aprovecharon un desajuste en la marca tras un córner para volver a ponerse por delante. Un 1-2 que dolió más que el primero porque pilló a la parroquia local todavía terminándose el bocadillo de panceta.

A partir de ahí, el partido se volvió «fútbol barroco». Los visitantes empezaron a manejar ese otro fútbol: caídas prolongadas, saques de banda que duraban una eternidad y un portero que parecía tener problemas crónicos con los cordones de sus botas cada vez que tenía el balón en las manos. El árbitro, algo superado por la tensión del momento, permitió que el ritmo se cortara una y otra vez, para desesperación de un banquillo local que no paraba de protestar.

En medio de ese caos, llegó el mazazo definitivo. En una contra de libro, cuando el Europa estaba volcado buscando el empate, el Torremolinos asestó el 1-3. Fue una definición de clase, un vaselina suave que pareció durar horas en el aire antes de besar las mallas. Parecía el final de la historia, pero al Europa nunca hay que darlo por muerto antes de que el juez de línea recoja los banderines.

Con más corazón que cabeza, los locales se lanzaron al abordaje. Se olvidaron de la táctica y se entregaron a la épica del fútbol de barrio. En el minuto 85, un penalti por manos claras dentro del área visitante devolvió la esperanza. El 2-3 subió al marcador y los últimos cinco minutos (más el generoso descuento) fueron un asedio constante. El balón no salía del área del Torremolinos. Hubo melés, despejes in extremis sobre la línea y un remate final que se marchó rozando la escuadra cuando ya se celebraba el empate.

Al final, no pudo ser. Los tres puntos vuelan hacia la Costa del Sol en un partido que el Europa pudo ganar, debió empatar y acabó perdiendo por esos detalles que no aparecen en las estadísticas pero que deciden categorías. El público despidió a los suyos con una ovación cerrada, reconociendo el esfuerzo de un equipo que se vació sobre el césped artificial de Can Dragó.

Queda el sabor amargo de la derrota, pero también la certeza de que este equipo tiene alma. El Torremolinos, por su parte, se lleva un botín de oro de un campo donde ganar es casi una cuestión de supervivencia. Mañana volverá el silencio a las pistas de atletismo que rodean el campo, pero hoy, 1 de marzo, el fútbol se vivió con la intensidad de las grandes citas. Fue una mañana de pasión, de errores humanos y de esa bendita locura que nos hace volver cada domingo, pase lo que pase.

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